
La vida podría conjugarse con tres infinitivos: ir, venir y esperar. Por el camino intentamos encontrar, o bien sortear, el resto de verbos. Al final de la vida acude irremediablemente el que más tememos. Ése que nos convierte en participio.
Los infinitivos habituales cobran especial sentido en estos tiempos de viajes y latencias, de vacaciones y descansos, de idas y venidas. Y también de esperas. Se espera mucho y en todas partes. Se espera con ilusión la llegada de viajes, sueños y buenas noticias. Y se espera con fe el final de los sacrificios, las pesadillas y las malas rachas. Se espera entre multitudes y en la soledad. Los calendarios y los relojes miden las esperas con precisión, pero no hay artilugio que permita hacerlas más cortas.
No desespera el que espera. Sólo aquel que pierde la esperanza.
Para acortar la espera decidió matar el tiempo, pero no llegó ni a herirlo levemente.
Contaba nubes y emparejaba calcetines. Siendo tareas infinitas, permiten gastar todo ese tiempo desquiciantemente largo de que están hechas las esperas.
A la espera le acompañan, a menudo, la incertidumbre y la preocupación. Entonces, el dicho no sirve. La ausencia de noticias es, por encima de todo, una putada.
Al tiempo le gusta llevar la contraria. Discurre lenta y pesadamente durante las esperas, y se esfuma veloz cuando se presenta lo que esperábamos.
Todas las esperas son largas por definición. Si la espera parece corta es que sólo era un rato perdido.
No hay tiempos muertos. Como mucho se nos avería el reloj.
Creer que se puede congelar el tiempo es de ilusos, sobre todo en los climas cálidos.
Lo mejor de la espera siempre es el final.
3 comentarios:
"Ababoles" muy ciertos.
Cierto que el que ya no tiene ninguna esperanza, por aterrizar en la realidad, porque asumes lo que puedes esperar,ya no desesperas... pero hasta que una se da cuenta ¡cuanta desesperación puede haber en ti!
Esas experiencias te hacen fuerte,y no merma seguir teniendo la esperanza en todo.
Buena semana.
A la espera le acompañan, a menudo, la incertidumbre y la preocupación. Entonces, el dicho no sirve. La ausencia de noticias es, por encima de todo, una putada.
Al tiempo le gusta llevar la contraria. Discurre lenta y pesadamente durante las esperas, y se esfuma veloz cuando se presenta lo que esperábamos.
Y
Me gustan estas dos.
Un beso,
M
La espera se vive, a veces, con dolor e incertidumbre, con impotencia y ansiedad y a veces, desgraciadamente ninguna de estas sensaciones nos sirven de nada...
¡Abrazos!
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