El pequeño cumple hoy cinco años. Toda la mano entera, con los deditos bien extendidos para que ocupen más. Así nos los enseña orgulloso. Toda la vida por recorrer. Una querría que el trayecto fuese grato, sin penas ni contratiempos. Pero no se puede vivir sin dolor. No se lo podré evitar. Vivir, sin embargo, permite conocer todas las emociones que él tiene a su alcance. También las más hermosas, las más placenteras, las más gratas. En realidad, sí se puede intentar vivir sin dolor: con anestesia, pero entonces se neutralizan el resto de sensaciones. Y vivir anestesiado, o hibernando es lo más parecido a no vivir, a estar muerto. Yo espero y deseo que él viva plenamente y que logre encontrar muchos ratitos de felicidad, esos que a veces la vida nos ofrece. Que los sepa aprovechar y recordar, también felizmente, cuando ya no los tenga para volver a disfrutarlos, aún más si cabe, cuando se presenten nuevamente.
Vivir es un no dejar de aprender. Y él ahora empieza con las primeras lecciones. Pienso en ello mientras encorre despreocupado al pobre gato, y disfruta como un mono de cualquier cosa: la playa, los columpios, los dibujos, o soplando las velas de su pastel. La viva estampa de la felicidad. Contagiosa. Me aguanto la risa cuando dice que los guardias humanos ponen muchas multas o que le gusta Barman ( su superhéroe favorito, el de los murciélagos). Me aguanto la risa y retengo el momento feliz. Algo he aprendido ya.
En el cementerio:
-Mamá, ¿a que no me pillas?
La vida y la muerte en el mismo escenario. Todo anverso tiene su reverso. Pero lo primero no existiría sin lo segundo, y viceversa.Aprendre que res no acaba
si dintre meu abans no acaba,
que el sol no es pon sense tornada
si en el teu cor esclata l’alba.
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Aprender que nada acaba si dentro de mí no acaba antes
que el sol no se pone sin volver, si en tu corazón estalla el alba.
Aprender que la esperanza es mentira si no hay cada día un esfuerzo por el nuevo mañana.
Aprender a amar la vida cuando la vida hace daño.
Aprender que si un niño mata, mi mano no es demasiado extraña,
qué triste es, si un niño mata, allá y aquí, muere la ternura.
Aprender que quizás esta tristeza es sólo un refugio para no decirse a uno mismo que está tan triste, porque es tan necesario, estar tan triste.
Aprender a amar la vida y que nada acaba si tú no quieres
el sol se pone y siempre regresa si el alba está en tu corazón.
Aprender que con certeza nada tengo si tú no me lo das.
A hacer que el corazón siempre se conmueva con el frágil gesto de la belleza.
Aprender que soy sólo si existes y es esta medida la que quiero y me define.
Aprender para saberse desprender, he aquí el viejo secreto.
Aprender...
(Aprendre, Lluis Llach. Del disco "T'estimo", 1984)
1 comentario:
¡Felicidades a tu hijo!
Hermosos cinco años intuitivos, aprendiendo siempre en el mejor escenario natural y espontáneo que es el juego. Y nosotras a la vez, sin dejar de aprender con ellos.
Disfrutad toda la familia de él.
(Gracias por la traducción de parte de la canción, porque aunque se intuye la hermosura de la letra enn el video, las que no sabemos ese idioma, nos perdemos un poquico)
Un abrazo.
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