Fui a buscarlo al cole. Unos minutos más tarde de lo habitual. Me esperaba leyendo un libro donde siempre quedamos.
-¿Qué tal, mamá?
- Lo siento. Me he retrasado un poquito.
- No pasa nada, estaba leyendo.
Volvimos a casa. No hablamos mucho durante el trayecto. Él debía estar repasando sus cosas y yo las mías. Cuando aparacamos el coche. Me dijo:
-¡Mira qué colores más bonitos tiene el cielo, mamá!. ¿No tienes la cámara aquí?, tienes que hacer una foto.
Me hizo gracia. Creo que le he contagiado ese afán por observar y querer retratar las cosas bellas.
-Vamos mamá, mira qué colores.
Fotografié el trocito de cielo que se veía desde la valla. Sí, era un atardecer precioso el de este viernes pasado y él también había reparado en ello. Pensé, entonces, que mi niño de 11 años se hace mayor.

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