Les llamamos corazón, cordero, mañomío... Son majicos, espabilados, agudos, y ya-se-dirá-del-chico. Y verás qué rápido los tienes criados, escapados, y se van solos. Cada vez que hay un nacimiento próximo se repite el ritual. Vuelven los titaponuncoco, ajo, ajo, estepidepan, cucú-tastás... y tapa a ese chico que tiene frío. Y arropamos una nueva vida con todo nuestro bagaje antiguo y ancestral. ¿Acaso no son las viejas mantas las que más amorosamente abrigan?

5 comentarios:
Con razón mi madre me mete presión.
Las mantas de antes tenían muy buena materia prima...
Eso de eres un mozo... es buena estrategia para sentir nosotras que ellos no tiene un poco de pelusilla jaja
Buena semana.
Un abrazo
Y el mundo sigue y sigue girando para que les cantemos titaponuncoco, digamos ajo, los contemplemos mientras duermen (¡que momento!) o los arropemos con ese cariño ancestral.
Y se te ahueca una cosa dentro cuando los miras que, caramba, es que no se puede explicar.
Me encantan los niños.
Estaría horas observándolos con la boca abierta.
besos
Yo que trabajé en una guardería llegue a contar hasta cien maneras distintas. Algunas son para caerse de risa.
Me parece que voy a buscar la libreta donde las apunte.
Ya verás, ya verás como las encuentre.
Kissses,
M
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