No sé la de veces que habré dicho en voz alta que qué poco conocimiento tienen ésos que se ponen a correr o a ir en la bicicleta con todo el solano en pleno verano. Pero como el género humano es irracional por condición, aunque los libros de naturales dijeran lo contrario, servidora ha hecho lo propio y me echado con la bici al asfalto con lo bueno del día, o sea, entre las 12 y la una del mediodía, en plan dar vuelta y vuelta al cerebro y sofreírme la sesera un poco. Claro que he acabado sofocada, claro que me he autodedicado sonoros vituperios por ponerme a enredar en plena ola de calor, claro que he pensado que igual tenía que llamar para que me vinieran a buscar... pero como antes muerta que rendida, he logrado culminar por mis propios medios el largo camino de vuelta a casa. Sin fuerzas, desde luego, solamente impulsada por mi ¡joderquesillego! interior que por esta vez ha sido suficiente. De todo se aprendre, eso sí, y ya me he dicho que nunca mais en tales horas. Porque el amor propio da para mucho, pero tiene un límite fijado por las leyes de la física y de la lógica. Aunque debo reconocer que, de algún modo inexplicable, de vez en cuando conseguimos romperlas.
Hoy mismo, mi madre ha logrado meter su bolso enorme en una diminuta maletita, que ya estaba llena, cuando la azafata de Ryanair le ha dicho que sólo se permitía un bulto por persona para entrar en el avión y que, si no, no subían (sólo un bulto personal, porque para las compras hechas en el dutyfree no había límite, que hay que joderse). ¡Ah, amigo, ¿que no subimos?, verás si cabe o no cabeeee!. Me ha contado mi madre, que le ha costado fuerza, sudores y todo tipo de juramentos... pero, obviously, el bolso ha cabido. Sólo me pena no haber podido verla una vez conseguida la victoria, aunque puedo imaginármela a la perfección, mirando con desdén y regocijo, a la vez, a la malvada azafata. Con esa cara tan de mi madre de: "¿y qué te creías pues, so modorra?".
1 comentario:
Si me parece estar viendola...
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